5 estrategias que me hicieron cambiar cómo pienso sobre mi cuerpo

December 21, 2017

Desde la adolescencia y hasta el presente he sido una ávida observadora de mi cuerpo. Pasar frente a un espejo y mirarme es un hábito casi compulsivo que no me enorgullece revelar. Lo cierto es que hasta que empecé a aceptar mi cuerpo, al pasar miraba mis rulos despeinados, mis granos, mis pecas, mis caderas, mis rollos…

 

Comenzar a estudiar asesoramiento de imagen me puso enfrente la relación que tenemos con nuestro cuerpo y cómo esto afecta nuestra autoestima. Cuando somos duro con nuestro cuerpo, estamos siendo duros con EL cuerpo humano en sí. Poco a poco, me fui esforzando porque esta forma de pensar en mí cambie. Es una tarea continua que sigue en progreso, pero que también me brindó varias formas de pensar que resultan muy útiles.

 

Tener un guardarropa que me quede
Me llevó algo de tiempo deshacerme de la ropa que me apretaba, marcaba todo lo que pretendía ocultar o bien no le quedaba a mi cuerpo. Y digo no LE quedaba porque ¡claro!, la ropa me tiene que quedar a mí y no al revés. A pesar de tener un peso saludable, a medida que fui subiendo de peso fui descartando lo que no quedaba. En adelante, puede que suba o baje de peso, pero armaré un ropero que me acompañe en lugar de aflijirme.

 

Usar siluetas favorecedoras

Otra cuestión fue aprender sobre los cortes, las telas y siluetas que creaba la ropa sobre mi cuerpo. Aprendí a tomar de las tendencias lo que favorecía a todo mi cuerpo para toda la imagen fuera más favorecedora. Eso significó menos chupines, más piernas rectas y caderas contentas. Ahora las prendas siguen la silueta de mi cuerpo, en lugar de ser yo quien está persiguiendo las prendas.

 

No juzgar otros cuerpos

Cuando criticamos al cuerpo de otra persona estamos dejando implícito que nuestros cuerpos son objetos dignos de ser juzgados. Al fin y al cabo, señalar defectos en los demás no implica la ausencia de los propios tampoco. Incorporar esta idea me ayudo a dejar de emitir juicios de valor sobre mi propio cuerpo. Las piernas son piernas y los brazos son brazos y nada más. Sin comparaciones, ni calificativos.

 

Darle cariño a mi cuerpo

Además de sonreír frente al espejo, comencé a darle a mi cuerpo los cuidados que tanto tiempo le había negado. Desde comer sano hasta sacar por fin turno con el dermatólogo para tratar mi piel rosácea. Mi cuerpo no es un objeto, es el instrumento más poderoso que tengo. Por eso debo darle los cuidados necesarios, y eso es una forma de quererlo.

Obligarme a tener pensamientos positivos

No es ninguna ciencia revolucionaria, pero si es difícil de llevar a cabo. Cada vez que comienzo a criticarme o a los demás me obligo a parar. Es como tener el ángel malo y el bueno en cada oído y dejar que este último hable: ¡No, señor! ¡Nada de eso! En cambio, cuando observo a alguien me pregunto, ¿qué es lo más lindo de esta persona?

 

No es un enfoque radical, pero creo que sí efectivo. Personalmente, comenzar estos cambios me hizo aprender muchas y necesarias lecciones. Y no es que siempre tenga éxito, porque para cambiar una forma de pensar, nuestra mente requiere de una nutrición diaria y constante.

¿A vos te resulta fácil aceptar tu cuerpo? Compartinos tu relación con tu instrumento más poderoso y si tenés algún tip para recomendarnos, ¡mejor!

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